No te olvides de ser esposa, por ser mamá

-En mi vida no hay nada más importante que mis hijos- Es una frase honesta y pura brotando del alma de una madre amorosa; que daría literalmente la vida por sus hijos. Pero tengamos cuidado al repetirla; porque muchas de esas madres se convierten a la larga, en una bomba de represión de sueños no cumplidos, matrimonios rotos, y culpas repartidas.

Está demostrado no haber diferencia entre las parejas que se divorcian con tener, o no tener hijos.
Sin embargo la existencia de estos pone a la relación un tensión y si no se tiene cuidado puede enfriar la convivencia de pareja. Llevando a una relación a mantenerse junta por lo hijos o en casos extremos terminar en un divorcio.

Según un estudio de la Open University, en Inglaterra con encuestas hechas a más de 5,000 personas en Inglaterra y Estados Unidos, los autores descubrieron que las parejas sin niños estaban más felices con su relación y con sus parejas. Además trabajaban más en su relación, que las parejas que tienen hijos.

En el estudio cuando les preguntaron a los matrimonios quién era la persona más importante ensu vida, las madres se refirieron a sus hijos y los padres a su pareja.

Interesantes respuesta, para ser conocida por las mujeres madres y esposas. Pues mientras por instinto materno el hijo se vuelve lo más importante en su vida, a su esposo lo que más le importa es su esposa. Cabe aclarar, esto no significa que el padre no ame a sus hijos. Sin duda los ama pero su esposa es su complemento, su ancla, su mejor amiga, su compañera de vida que además ahora es madre y sus hijos estarán bien bajo su cuidado.

El esposo está enamorado de ella, la llegada de sus hijos le alegra la vida pero ellos tienen a su madre y él la tiene a ella. Es en este punto donde comienzan los problemas, pues para la madre no existe en ese momento nada más importante que su hijo, tan pequeño tan vulnerable, quien depende de ella para todo, desarrollando una conexión única al traerlo en su vientre por nueve meses. Sentirlo crecer dentro de ella, y verlo nacer hace se desarrolla el vínculo más maravilloso –El de madre e hijo- .

Según Jacqui Gabb catedrática senior de políticas sociales en la Open University y una de las autoras del estudio aclara que tal vez esos años intermedios en dedicados a la crianza, las mujeres tienden a alejarse de la relación por estar más concentradas en los niños y eso deriva en un simple pensamiento de -no hay suficiente tiempo para dedicarle a la relación-.

Sin darle muchas vueltas al tema, en el estudio las mujeres con hijos afirmaron que son más felices con la vida ahora que tiene hijos; pero menos satisfechas con el grado de relación con su pareja.

Es entonces que las madres debemos reflexionar que la maternidad es algo maravilloso y tarde o temprano los hijos tras crecer bajo nuestro cuidado, se harán hombres y mujeres adultos para un día partir como lo marca la misma ley de la vida. Dejaran el nido, tomaran el destino en sus manos y entonces voltearemos a ver dónde dejamos al marido.

Tal vez ya a esa altura él no esté y en el mejor de los casos tal vez siga ahí, acostumbrado a estar en segundo plano. Ahora sus intereses y gustos son tan desconocidos para la esposa. No es extraño ver a las madres solas con sus hijos y a sus esposos por su lado con sus propias actividades, no es extraño ver a hombres solos en reuniones sociales en las cuales los asistentes le preguntan por la esposa y solo contesta -está en casa cuidando a los niños-.

Hay pocas oportunidades para la vida de pareja donde puedan tener su momento a solas o en compañía de más gente. Ese momento que les recuerde cuando eran novios reían, gozaban y disfrutaban uno del otro, en una fiesta, en el cine, en una salida a cenar o simplemente en la ida a comprar un helado. Cosas tan simples como salir a caminar juntos y platicar, hace que vuelvan a conectarse, reencontrarse y recordar cuanto se aman.

Hay pocas oportunidades para la vida de pareja donde puedan tener su momento a solas o en compañía de más gente. Ese momento que les recuerde cuando eran novios reían, gozaban y disfrutaban uno del otro, en una fiesta, en el cine, en una salida a cenar o simplemente en la ida a comprar un helado. Cosas tan simples como salir a caminar juntos y platicar, hace que vuelvan a conectarse, reencontrarse y recordar cuanto se aman.

Entonces un consejo a las madres, es no subestimar esos momentos donde revivan el noviazgo, no se escuden en pretextos como de quien cuida a los niños, o que no hay tiempo. Excusas de que ahora con los hijos es diferente ¿Por qué debería ser diferente?
Una historia real que ejemplifica un poco es la historia de Ana, madre de dos hermosos hijos

ambos se llevaban dos años de diferencia; cuando nació el primero se dedicó en cuerpo y alma a él después de dos años llegó el segundo y su amor se concentró en dos creaturas a las que llamaba sus pedacitos de cielo. Durante esos tres años entre el nacimiento de uno y del otro. Hector su esposo pasó de tener una cena lista, a calentarse la cena. Eso no tendría nada de malo, el problema es que terminaba cenando solo. Cuando Hector llegaba a casa Ana solo le decía – En un momento estoy contigo solo voy a bañar y a acostar a los niños- a la espera, Hector terminaba de cenar saludaba a los niños los besaba y se retiraba a su habitación a descansar. Pronto Hector dejó de llegar temprano; pues cenaba en la calle. Al principio con amigos, a veces solo y finalmente con quien le hiciera compañía, esa compañía que había perdido con la llegada de los hijos y que en este caso desafortunado le orillo a una infidelidad, terminando con su matrimonio.

Para no convertirnos en una Ana y un Hector en la aventura de la paternidad, busquemos un momento y sin dejar de ser madres, recordemos que también somos esposas para que cuando se vayan los hijos ese hombre que nos pidió fuéramos las compañeras de vida, este ahí igual de enamorado como el primer día.

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